lunes, 13 de octubre de 2008
Encuentro callejero nocturno
Tras haberme bajado del tren volviendo de Constitución, encamine las cuadras correspondientes en dirección a mi casa. Yo venia subsumiéndome de a poco en una contemplación de mi vida (algo nociva). Cuando estaba a pocas cuadras (es curioso que siempre en alguna novela de terror o drama, el hecho sucede siempre a pocas cuadras de la victima, y me llamo la atención ahora, aunque no paso tal cosa), se me acerca un viejo de ropa sucia, canoso, de anteojos y bien a lo nono. Me tiende la mano muy formalmente mientras dice: "buenas noches joven". Un poco extrañado pero no sorprendido lo miro fijo y le respondo iniciando la conversación:
_ ¿Yo? Eh, muy bien – le dije mientras le daba la mano.
Me había tapado la mano con la manga por que me acorde que leí algo sobre gente que tiene éter es sus manos y al exponerte te desmayabas, aunque este debería haber tenido alguna protección. En fin, fue una reacción.
_ Qué gusto. ¿Volviendo a casa?
_ Si, acabo de llegar de Constitución
_ Qué bien, y decíme… ¿qué estudias?
_ Estudio Composición musical
A todo esto el viejo nono entre oraciones daba un paso acercándoseme y yo, "reaccionalmente" daba uno para atrás. Esto paso 2 o 3 veces y después dejo de acercarse.
_Qué lindo música, ¿y cómo va?
_ Bien -sigo respondiendo un poco extrañado-, va bien
_ Y contáme, ¿el secundario? ¿Lo terminaste? ¿Lo hiciste acá?
_ Si, lo termine, pero no acá
_ ¿En donde?
_ En Neuquén
_ Ah, qué lindo... ¿Neuquén capital?
_ Si
_ ¿fuiste al Don Bosco?
_ No, no. Fui al Jean Piaget
_ Ah, como el epistemólogo, debe ser nuevo, no lo conozco.
_ Si, algo nuevo -le respondí atento. Me llamo la atención que haya dicho epistemólogo en vez de psicólogo, ya que a Piaget muchas veces lo consideraron y lo consideran un psicólogo.
_Estem…bueno….yo me voy por que me tengo que cocinar y tengo hambre
_ Ah, si, si. ¿Qué vas a comer?
_Y nosé, arroz supongo – me río un poco- con algunas verduras
_ Si, si, verduras, muy bien. Adiós joven
_Chau
Estoy volteando para caminar cuando lo escucho decir: "Espera un segundo, vení"
Volteo y lo miro. Me mira fijo pero muy cordial y cálidamente.
_ Espero que termines muy bien la noche y que la pases muy bien en tu vida
_ Bue….bueno…..muchas gracias
_ Ah! - exclama suave mientras se agarra la cabeza y me tiene la otra mano - . ¿Cómo te llamas?
_ Gonzalo, ¿usted?- vuelvo a darle la mano con la manga
_ Alberto. Gonzalo, un gusto, chau.
_Chau
Y cada uno siguió con su dirección contraria la del otro. Llegue a mi casa y me puse a cocinar.
Y Ahora, que acabo de terminar mi cena (en vez de verduras fue arroz con milanesa al horno con papas y cebolla) esta terminando la canción "O velho e a flor" de Toquinho y Vinicius, y sobre el final se escucha a Vinicius decirle unas palabras al pianista: "Te cuento que te hacemos un hasta pronto, que te vas a viajar ahora. Que todo te vaya, muy bien".
Yo no tengo ni la más puta ni microscópica idea de que quiere significar este hecho. Creo que le voy preguntar a Sócrates a ver si me ayuda.
jueves, 28 de agosto de 2008
El inquieto sereno (el río)
A los lejos un par de tipos se dilatan con la caña de pescar. Llevan a cabo incontables veces su ritual de tirar la caña atrás para tomar impulso y dar un nuevo intento. Lo mismo sucede con el ademán de traer la tanza, ese batido de crema que se parece a una pascua linda en acción.
El viento no manda. Los álamos se entregan sin entregarse. Se dejan a disposición pero no se abandonan, no señor. Los sauces inquietos están, se les nota la entrega controlada con el viento. Las brisas solo les proporcionan regocijo, estirar un poco las ramas y sacudir las hojas cuales abuelitas a un son cubano. Son guardianes. Supervisores de los camalotes y autores de las sombras. Le dejan a la orilla ese tono descontrolado, de pelo largo, de subversiva.
Y entre tanta contemplación te veo a lo lejos, mojándote los pies. Me preocupo. Es agosto. Pero hay algo que me señala que no me tengo que preocupar, entonces me levanto y me voy.
X/11/07 Neuquén
(¿)Una picadita (?)
(…) y es cuando tengo una nube que me acompaña a todos lados, me desorienta donde piso y con quien sea que hable; una neblina que solo yo puedo espantar. Y rendido en el piso, me entrego al miedo, tratando de que mi ojos alcancen algún asidero; y no estas vos, ni tus brazos ¡Que bueno seria que si! ¡Cuán acogido me sentiría! ¡Tan protegido y purificado!
(…) que estés acá, que estén tus palabras: “ay, ¿otra vez?”, y así enredarte de mi, hasta que no haya aire entre tu cuerpo y el mío; por que vos me ves, y yo a vos, pero eso no quiere decir que estas ahí, viendo cuanto petróleo tengo y cuantas ganas tengo, cuantas cosas ansían por verte, por olerte, por leerte
Bahía de paso
Y ahora, con el ya, en la sal de esta bahía, en plaza Rivadavia, que me hospeda un rato. Cortazar, “bestiario” y sus cuentos sin resolver a causa de una edición desecha, páginas en blanco y rotas. Y alrededor una manta colorida se tira encima de todo y todos. Una presencia sonora que sale del parlante de unos artesanos, es Santana, que se hace notar el loco.
13/03/07 Bahía Blanca
viernes, 25 de julio de 2008
Reflexiones en Cruzero
Durante el viaje entable conversación con una chica de unos 26 años aproximadamente. De novia con un neuquino. Al subir me pidió el asiento que había comprado yo, que daba al pasillo. “Es que me mareo”- fue su argumento y de manera caballerosa dominada se lo entregué. Nuestras conversaciones entonces, se veían ligeramente interrumpidas por alguno de los chofer-azafato que invitaban a la chica a “cebar unos mates a la cabina”. Ella demostró “calidamente” su negación a la propuesta, pero minutos después me dio a entender su total repulsión. Me relato que una vez los chóferes la invitaron y ella acepto, y entre sus charlas uno le confeso que había mirado toda la noche sus tetas a través de una camarita del techo (una de esas que se usan para verificar que todo este en su lugar).
Pasada la noche, a la mañana siguiente, mientras servían el desayuno nos dieron café. Pregunte si había agua caliente para hacerme un té por que el café me cae de mierda. El tipo no escucho. Le comente a mi compañera que de haber sido ella la del comentario la habría escuchado y le hubiera traído una taza inglesa con té ingles y todo. A ella tampoco le gustaba el café, de manera que hizo el mismo reclamo. En el acto le trajeron el agua a punto caramelo y aproveche para sumarme. “Ah, no, recién se termino el agua caliente pibe”- fue la contestación pajera del chofer-azafato. Mi compañera se compadeció y me dio su té. Me puse contento y pensé: “un asiento por un té, perfecto Gonzalo, vas a ser grande en la vida”.
domingo, 13 de julio de 2008
Los colores del y no del arco iris
Verde sospechaba que algo pasaba entre Blanco y Negro. Siempre se aventuraban tras bambalinas a hacer quien sabe que. Verde tenía sus dudas. Él sabía que ellos estaban celosos y enojados por que no los aceptaron para la audición. La obra se llamaba “Felices de oreja a oreja”, Blanco y Negro decían que se sentían discriminados por Rojo, el director de la obra. Sus argumentos se basaban en ser “potencialmente desaprovechados” por no ser parte de los colores del Arco Iris. Verde era el actor principal, temía por su puesto. Entonces decidió vigilarlos, siguiéndolos minuciosamente por todo el teatro.
Un día vio que ellos se le quedaron mirando, y salieron a carcajadas. Verde los siguió. Fue hasta los camerinos, habían entrado en el camerino de Negro. Verde se detuvo en la puerta, se escuchaban gemidos desde el interior. Tras unos ademanes de asquerosidad la curiosidad lo invadió. Abrió la puerta rápidamente, lanzó una vista fugaz, y pego un salto acompañado de grito de asco cuando vio a Gris desnudo en una cama. Gris se lo quedo mirando, hasta que dijo:
- Vení, te estaba esperando, hagamos un poco de smogh.
Verde se puso rojo de inmediato y cerró la puerta fuertemente. No termino de bajar de su shock cuando ve a Amarillo que pasaba por el pasillo. Se le acerca y le comenta al oído:
- Uy, después nos anaranjamos papito, así que anda preparándote – le pellizcó el culo y siguió caminando.
Verde estaba a punto de vomitar. Estaba aturdido y petrificado, comenzó a putear por su tono rojizo. Detrás de Amarillo, venia Rojo, quien escucho sus puteadas.
- ¿Qué tenés con los Rojos, eh? ¿me estas discriminando? ¿¡Eh?! ¡¿Es por Cocomiel?! ¡¿Es por Red-Bull?! ¡Mi familia-tonalidad sufrió mucho por todo eso! ¡Y estamos orgullosos de Caperucita Roja! ¡Estas fuera de la obra!
Verde comprendió que era toda una treta y simplemente se quedo tirado en el suelo. Tan vivo como siempre. Y ahí quedo. Sintió un cosquilleo en su ombligo lo hizo crecer y propagarse de manera descomunal.
El pasillo ahora tiene un tono verdoso de alfombra. Nadie lo cuida desde entonces, lo pisan y lo ensucian.
x/x/06
lunes, 7 de julio de 2008
De la costa al valle(en Cruzero)
18/12/06
sábado, 5 de julio de 2008
El Travieso Aleph
viernes, 4 de julio de 2008
Una de medio día (pasado)
x/04/08
Breve historia de un pájaro carpintero
En fin. El pájaro carpintero no podía picotear ningún árbol. Y es que al pobre pájaro carpintero, se le desafilo el pico, ¿Quién querrá ahora al pájaro carpintero? Cada vez que quería usarlo se lastimaba solo. Pero eso no puso fin a sus picoteos, y se convenció a sí mismo de seguir insistiendo. Y ahí estaba. Otro árbol enfrente suyo.
_ ¿Qué haces? – le pregunto el árbol
_ Estoy picoteándote – le contesto el pájaro carpintero
_ Me haces cosquillas. Andate
_ Pero, ¿no te gustan las cosquillas? ¿no te gusta reírte?
_ No
_ Pero hace bien reírse
_ A mi no. Andate
El pájaro carpintero entonces tomo dos de sus plumas más suaves y se las ató una a cada lado del pico. Se sereno un poco y analizó la imagen del árbol. Tenía una veta abierta. Ese era su blanco. El pájaro carpintero entonces tomo carrera y se lanzo. En el momento en que las plumas acariciaron la veta abierta, el árbol casi se deshojó a carcajadas. Le temblaban las ramas y las agitaba por los aires (parecía uno de esos muñecos infladles, que están afuera de los locales y siempre tienen una risita de psicópatas). La risa contagio al pájaro carpintero, y terminaron los dos descostillándose de la risa.
_Gracias – dijo el árbol - . Le sacaste la espina a este león triste.
_ ¡´Ta todo bien! – contesto el pájaro carpintero con su ego inflado
Se sentía bien. Había ayudado alguien que no lo había pedido y a pesar de eso después se lo agradeció. Verdaderamente se encontraba feliz a sus anchas y se fue silbando. Su silbido se interrumpió cuando escucho unos gemidos entre los árboles. ¡Era un león de verdad! ¡con espina y todo!. El pájaro carpintero con ego inflado no lo dudo y fue a su ayuda.
Y así es como concluye la historia del pájaro carpintero. De cómo “alimentó” la alegría de dos seres del bosque.
x/06/08
En los bosques de verdad no hay leones, en el mío si.